La furia
Jamás pensé que me alegrara mantener una discusión, pero así ha sido. Después de un silencio de varias semanas hemos vuelto a hablar para mantener una discusión: uno no discute con quien sus actos le son indiferentes, uno no discute con alguien al que ha olvidado. No sé cómo acabará todo, puede que sea la última vez que hablemos, puede que no lo sea, eso nunca se sabe. Uno no se enamora tres veces en dos semanas, y menos aún, se lo dice a bocajarro a alguien que ha amado: eso sólo se hace en un estado de furia.
La furia ha sido bien recibida por mi parte, pero sé que también es un arma de doble filo: cuando se ama con pasión es fácil caer en un estado de furia que puede ser dificilmente reversible.
En cualquier caso, si acaba en un adiós, como todo parece indicar desde hace meses, ese adiós no habrá estado escrito por nadie que no seamos nosotros. El tiempo nos desvelará si algunos actos pasados han sido los últimos, o no lo han sido: el trabajo está en soportar esa incertidumbre sin denigrar el pasado.
Yo estoy dispuesto a conseguirlo.
La furia ha sido bien recibida por mi parte, pero sé que también es un arma de doble filo: cuando se ama con pasión es fácil caer en un estado de furia que puede ser dificilmente reversible.
En cualquier caso, si acaba en un adiós, como todo parece indicar desde hace meses, ese adiós no habrá estado escrito por nadie que no seamos nosotros. El tiempo nos desvelará si algunos actos pasados han sido los últimos, o no lo han sido: el trabajo está en soportar esa incertidumbre sin denigrar el pasado.
Yo estoy dispuesto a conseguirlo.